Tag Archives: Ella

Uno de esos días

Hoy es uno de esos días en que el universo confabula: camino a la oficina dos carambolas (y como hubo mujeres involucradas se niegan a mover los coches hasta que llegue la aseguradora)…  El caos vial se multiplica con estúpidos que intentan dar vueltas prohibidas, agentes de tránsito ausentes y la multiplicación de semáforos descompuestos… No todo es malo -pienso mientras veo a la chava del jetta gris que avanza en una lentitud paralela justo a mi derecha. La veo y sonríe. “Disculpe”, le pregunto aprovechando que están las ventanillas abiertas, “¿Ha leído Autopista del sur, de Julio Cortázar?”.  “No”, responde. “Te invito a desayunar y te digo de qué va el cuento”, aventuro. “Otro día”. “De una vez”, insisto a sabiendas de que CAGME Calidad Garantizada Mexicana, la empresa en que laboro, no perdona ni un minuto de retraso. “No”, dice llena de sí, revivificada, satisfecha. Le mando un beso y subo el vidrio para refugiarme tras un cristal polarizado. Lo que tiene de buena lo tiene de apretada. (¿A eso se refiere uno cuando dice que una mujer está bien proporcionada?)

El destino es ineludible. Aunque los de la patrulla ecológica no están atrincherados ni hay retenes militares, a pesar de que es una proeza alcanzar los 160 K/H a las 7:50 de la mañana en algunas avenidas, no obstante la frenética carrera del aparcadero al checador… hoy llegué tarde, solo y sin desayunar: la hora se irá a descuento. ¡Maldición! ¡Porca miseria! Sonrío al ver al jefe mientras que en mi cabeza revolotea toda clase de improperios. “En el sitio donde realizas tu trabajo, sobre todo si emplean controles neoesclavistas, lo mejor es mentar madres en silencio”, afirma con sabiduría un proverbio chino. Lo recuerdo y ahogo un ¡carajo! repentino. Qué más da. Pienso en la joven del jetta gris mientras subo las escaleras. Da el gatazo. Sí, sí, sí. Al menos lo que deja ver por la ventanilla no tiene desperdicio. Bonita, ojos cafés, cabello castaño, labios rojos, sonrisa jovial, fresca… un cuerpo firme, de edecán y, aquí entre nos, tengo la impresión de que me ha seguido hasta la puerta del estacionamiento. Bah, dirán. Esos carros los hacen en serie y en esta ciudad cualquier mujer atractiva -hija de papi, ejecutiva o amante de político- tiene uno igual…

Perdón, suena el teléfono.

Es ella.

Su foto aparece en la pantalla del celular.