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Entre ilusiones y reticencias

Está claro que la intrusión de la tecnología provoca transformaciones tanto en las actividades personales como en la organización social, lo cual no significa necesariamente una mejoría. El actual deterioro ecológico, por ejemplo, tiene una correlación ineludible con la aplicación de diversas tecnologías que, al mismo tiempo y paradójicamente, han posibilitado mejores expectativas de vida. En el mismo tenor, la virtualización de los procesos educativos genera grandes expectativas: parece obvia la transformación de roles ante situaciones nuevas, aunque no están claras las consecuencias. De ahí la importancia de revisar las características del docente-en-tránsito y el establecimiento de algunos principios orientadores, ya que –como afirman Elena Barberà y Antoni Badia en su libro Educar con aulas virtuales (Madrid: A. Machado Libros, 2004)

“El profesor virtual” –nos referiremos a él en adelante como el profesional que en sus clases utiliza tecnologías de la comunicación y de la información- se modela con el tiempo y con la diversidad de ejercicio y práctica. (18)

Desde luego, es útil el contraste entre “el paradigma tradicional” y “la nueva pedagogía” para entender el tránsito en que nos encontramos, o dicho de otra manera, el cambio “en las concepciones acerca del proceso de enseñanza aprendizaje” como sugiere la UNESCO en alguno de sus documentos al oponer la educación de principios del siglo XX, representada por la idea de que “aprender es difícil”, “el aprendizaje es un proceso de transferencia y recepción e información” además de ser “un proceso individual/solitario”, entre otra características, a las resientes aportaciones teóricas, según las cuales:

El aprendizaje es un proceso natural, el aprendizaje es un proceso social. El aprendizaje es un proceso activo, no pasivo. El aprendizaje puede ser tanto lineal como no lineal, el aprendizaje es integrado y contextualizado. El aprendizaje está basado en un modelo que se fortalece en contacto con las habilidades, intereses y cultura del estudiante. El aprendizaje se evalúa según los productos del proceso, la forma en que se completan las tareas y la resolución e problemas reales, tanto por parte de cada estudiante como del grupo. (7)

El contraste es útil. Sí. Argumentar por oposición es un procedimiento valioso, por ejemplo si se compara el Entorno de Aprendizaje Centrador en el Docente con el Entorno de Aprendizaje Centrado en el Alumno; la educación del siglo XX con los procesos de enseñanza-aprendizaje en el siglo XXI. Pero no hay que olvidar que la frontera entre el antes y el después no es tajante. El asunto no es tan simple como decir que hasta el 11 de marzo de 2011 el docente fue “transmisor de conocimientos” y a partir de mañana, 12 de marzo, será “un facilitador y orientador del conocimiento”. La presencia de las TIC en ambientes de aprendizaje puede ir desde la simple presencia de una laptop en el escritorio hasta procesos predominantemente digitalizados. Lo interesante es aprovechar los recursos y dispositivos tecnológicos para integrarlos. Posibilitar encuentros afortunados con nuevos conceptos. Confrontarse con las circunstancias históricas personales. Abrir el abanico de opciones para negociar significados y representar conocimientos. Dar pie a la interacción y la colaboración. Diseñar métodos para afrontar dificultades. Insistir en que el aprendizaje es un proceso activo. Permitir las prácticas educativas auténticas -que deben ser, según Frida Díaz Barriga Arceo, 2003, coherentes, significativas y positivas(3). Esto, desde luego, despierta muchas ilusiones. Un gran entusiasmo. ¿Y cómo no, si aquí está la pauta para el diseño de estrategias de enseñanza creativas y flexibles? ¿Cómo no animarse a probar el aprendizaje centrado en solución de problemas, análisis de caso, gestión de proyectos y aprendizajes in situ? Pero desafortunada o afortunadamente, no se trata de una decisión personal. El tránsito del docente hacia modelos innovadores que den respuesta al momento actual pasa por un acto de voluntad pero ha de realizarse en un marco institucional, no siempre bien dispuesto.

Frente a la resistencia, hay que apelar a eso que llamamos realidad.

Frente a la inmovilidad, hay que fundamentar teóricamente los argumentos y esgrimir documentos oficiales que apuestan por la adecuación a la época que nos tocó vivir.

Frente a lo probado y re-probado (vale la anfibología), hay que correr el riesgo (sin arrebatos imprudentes).

No puedo negarlo, cuando leí La educación en transición tomado de “Las tecnologías de la información y la comunicación en la enseñanza, UNESCO, 2005 me sentí profundamente identificado:

el docente suele sentirse atrapado entre dos polos opuestos: por un lado la institución, que intenta convertir al docente en un técnico, y por el otro, el sentido de individualidad de todo ser humano, que se resiste y se resiste a ello, a pesar de que la mayoría de las veces se ha incorporado el concepto institucional de la enseñanza. (20)

En eso estoy. Me gusta pensar que “El modelo tradicional debe reemplazarse por un entorno rico, estimulante, comprensivo y cálido” (29); pero tengo por cierto que todo acto educativo es un acto humano interesado. La educación es desarrollo personal, pero también es un acontecimiento político (donde la heterarquía no siempre es bienvenida) y es, también, una mercancía. En este marco: le apuesto al humanismo.

En fin, regreso al tono neutro para terminar: el docente de hoy debe ser ingenioso y evidenciar en todo momento competencias disciplinares, didácticas y tecnológicas. Debe planificar, participar, interactuar, evaluar, investigar, colaborar con los colegas. Debe buscar alternativas y, en muchos casos, combinar la paciencia con la sagacidad.