Monthly Archives: September 2010

Uno de esos días

Hoy es uno de esos días en que el universo confabula: camino a la oficina dos carambolas (y como hubo mujeres involucradas se niegan a mover los coches hasta que llegue la aseguradora)…  El caos vial se multiplica con estúpidos que intentan dar vueltas prohibidas, agentes de tránsito ausentes y la multiplicación de semáforos descompuestos… No todo es malo -pienso mientras veo a la chava del jetta gris que avanza en una lentitud paralela justo a mi derecha. La veo y sonríe. “Disculpe”, le pregunto aprovechando que están las ventanillas abiertas, “¿Ha leído Autopista del sur, de Julio Cortázar?”.  “No”, responde. “Te invito a desayunar y te digo de qué va el cuento”, aventuro. “Otro día”. “De una vez”, insisto a sabiendas de que CAGME Calidad Garantizada Mexicana, la empresa en que laboro, no perdona ni un minuto de retraso. “No”, dice llena de sí, revivificada, satisfecha. Le mando un beso y subo el vidrio para refugiarme tras un cristal polarizado. Lo que tiene de buena lo tiene de apretada. (¿A eso se refiere uno cuando dice que una mujer está bien proporcionada?)

El destino es ineludible. Aunque los de la patrulla ecológica no están atrincherados ni hay retenes militares, a pesar de que es una proeza alcanzar los 160 K/H a las 7:50 de la mañana en algunas avenidas, no obstante la frenética carrera del aparcadero al checador… hoy llegué tarde, solo y sin desayunar: la hora se irá a descuento. ¡Maldición! ¡Porca miseria! Sonrío al ver al jefe mientras que en mi cabeza revolotea toda clase de improperios. “En el sitio donde realizas tu trabajo, sobre todo si emplean controles neoesclavistas, lo mejor es mentar madres en silencio”, afirma con sabiduría un proverbio chino. Lo recuerdo y ahogo un ¡carajo! repentino. Qué más da. Pienso en la joven del jetta gris mientras subo las escaleras. Da el gatazo. Sí, sí, sí. Al menos lo que deja ver por la ventanilla no tiene desperdicio. Bonita, ojos cafés, cabello castaño, labios rojos, sonrisa jovial, fresca… un cuerpo firme, de edecán y, aquí entre nos, tengo la impresión de que me ha seguido hasta la puerta del estacionamiento. Bah, dirán. Esos carros los hacen en serie y en esta ciudad cualquier mujer atractiva -hija de papi, ejecutiva o amante de político- tiene uno igual…

Perdón, suena el teléfono.

Es ella.

Su foto aparece en la pantalla del celular.

El acontecer de lo improbable

Hace ya un buen rato que Edgar Morin viene recordando que el “desarrollo” nos ha colocado en una situación límite: como especie nunca habíamos estado más cerca del autoexterminio. Esta idea reaparece en el libro ¿Hacia el abismo? Globalización en el siglo XXI (Barcelona: Paidós, 2010), en el cual se hace notar que los avances de la tecnociencia ligados a la economía aportan “algunos progresos puntuales y posibilidades de progreso futuro, pero también contribuye[n] a la creación y al incremento de peligros fatales para la humanidad”. Si es cierto que “nos dirigimos hacia la catástrofe”, vale la pena poner atención a los diez capítulos de este libro, escritos a lo largo de la primera década del siglo XXI, ya que, si la crisis planetaria es innegable, “trae consigo una última oportunidad”. ¿De qué depende que ocurra lo improbable? De un cambio de vía.

Que la Modernidad está en crisis no es novedad. Entenderlo, sin embargo, no es ocioso. La modernidad implantó la noción de que “lo moderno, en tanto que productor y producto de la novedad, es lo mejor que hay”. Esta visión del mundo coincide y se refuerza con el crecimiento económico y el surgimiento de los Estados-Nación, el protagonismo del Sujeto y de la Ciencia –reduccionista y fragmentadora- como garante de la verdad. Es en este contexto donde se afirman los “tres grandes mitos” modernos, a saber: “el mito del dominio del universo”, “el mito del progreso, de la necesidad histórica” y “el mito de la felicidad” . Mitos que no se pueden sostener ya. Y no es que el francés deseche la modernidad per se, al contrario: “la modernidad produce monstruos y maravillas”, admite y agrega: “toda la cuestión consiste en saber si los monstruos destruirán a las maravillas o si las maravillas subyugarán a los monstruos”.

Estamos aquí porque nos ilustramos. Asumimos que el hombre, en virtud de la razón, debía ejercer el control del mundo: conocerlo y dominarlo. Los medios privilegiados para realizar el proyecto fueron la ciencia y la educación. Ahora, sin embargo, “el progreso como certeza ha muerto”. Ahora, “Necesitamos concebir una realidad compleja, hecha de un cóctel siempre cambiante de orden, desorden y organización”. Ahora, conviene entender que “el ser humano es también sapiens y demens, faber y mithologicus, economicus y ludens, prosaico y poético, natural y sobrenatural”. Sólo a partir de este reconocimiento podremos reorganizarnos, pensar la educación de modo diferente, redimensionar nuestra experiencia de la vida y definir una ética que responda, no a entelequias, sino a nuestras circunstancias. El reto es global, mundial, planetario. No hay que extrañarse cuando Morin se refiere a algunos filósofos: “El mundo agoniza y ellos discuten sobre el sexo de Edipo, debaten sobre el Lebenswelt sin Lebens ni Welt”. Es tiempo, pues, de superar “el pensamiento mutilado y la inteligencia ciega”.

El libro nos traza una ruta para entendernos como miembros de una Sociedad-Mundo, en la que “no debemos continuar, sino empezar de nuevo”. Y para ello, contamos con las semillas de la creatividad, incluida la literatura que “conserva, todavía hoy, el principio de lo artesanal”. Por fortuna, “en materia de arte y pensamiento, la mundialización cultural no es homogeneizante”. Existe un margen para la esperanza, pero: “Tal vez haya que avanzar todavía más hacia el abismo para que se produzca una verdadera huída hacia la salvación”. ¿Qué nos queda entonces? Según Morán: “vivir plenamente los éxtasis de la historia, que nos consuelan de tantos años de mediocridad”.

 

Texto publicado originalmente en La quinta columna el 13 de septiembre de 2010. Disponible en http://www.quintacolumna.com.mx/columnas/Serendipiayobviedades/2010/septiembre/colum-serendipiayobviedades-130910.php

Estrategias constructivistas

Durante un taller de formación docente vimos la película Escritores de la libertad, versión cinematográfica del libro The Freedom Writers Diary de Erin Gruwell. Es posible elogiar diversos aspectos de la película como el connato emotivo, la fotografía, la tensión narrativa e, incluso, alguno que otro guiño humorístico. En cuanto al planteamiento, habrá que decir que vista como una estructura capaz de producir sentido, resulta terrible tener que “trabajar para pagar un trabajo” o tirar por la borda el matrimonio (caso de la protagonista). Esa parte me hizo recordar el libro de Antonio Marina, La inteligencia fracasada. Teoría y práctica de la estupidez, en donde se pregunta por qué hay personas muy inteligentes que no logran destacar o quienes triunfan profesionalmente y fallan en su vida familiar. Esta es pues una contradicción aparente. El capitalismo opera en una lógica sacrificial: las “experiencias exitosas” se sostienen en la destrucción de otros y de uno mismio. No es extraño pues que este discurso ideológico reverbere en una producción norteamericana (2007). Así, conviene recordar que aunque “basada en hechos reales”, la película no deja de ser ficción. Discurso.

En fin, la actividad de aprendizaje ligada a la película no se orienta a la crítica, así que prescindamos de las implicaciones económicas, emotivas y familiares para concentrarnos en las estrategias constructivistas de la maestra Gruwell. Trataré de mencionar los puntos importantes del proceso, resaltados con negritas, justificar su estatus constructivista y, en su caso, indicar qué se puede discernir a partir de ellos.

Lo primero es un proceso de inmersión. La maestra llega con un plan elaborado desde afuera, viste con un atuendo que no corresponde al de los grupos sociales predominantes en la Preparatoria Wilson, entidades donde “Te golpean para hacerte fuerte”. La maestra desconoce el contexto y resupone conductas. Así pues, el primer paso es darse un baño de realidad. Gracias a esto, pasa de la pregunta “¿Parezco educadora?” al rol de educadora.

Como decían en las primeras páginas del ABC de Física en secundaria. El primer paso del método científico es la observación. Cuando se produce una confrontación, primero en el grupo y luego en el patio de la escuela ella permanece estática. No interviene. Pero inicia su comprensión de que el ser humano existe en situación; ergo, el aprendizaje es situado, o no es.

Cuando uno escucha que hay que tener siempre un Plan B (e incluso un plan C) es porque la realidad es compleja y cambiante. Los escenarios ideales pocas veces existen. Es entonces importante ensayar estrategias como la música para abordar el tema de la poesía. No basta con tener un plan B, también es necesario medir fuerzas.

La negociación es importante. Un aula es un espacio de poder (por más nobles y bienintencionados que sean los actores. En la película una alumna cuestiona el rol docente atendiendo a uno de los argumentos tradicionales de la autoridad: la experiencia. “ ¿Ya había sido maestra?” Si vale la expresión, en la “construcción” del escenario de aprendizaje, hay que construirse una imagen social.

En cuestiones de poder, nunca está de más exhibir de cuando en cuando las propias fortalezas (y dejar que sea el otro el que se desgaste). Así pues, la maestra ordena que se cambien de lugares. Prescindiendo de la dimensión política del acto, se podría decir que promovió una reconfiguración del espacio, o una redistribución del espacio, o que puso en contacto a unos estudiantes con otros para cambiar su perspectiva y fomentar distintas formas de interacción social.

En el establecimiento de nuevas fronteras, juega un papel importante el contacto visual.

Hay un momento en que circula un dibujo en el grupo. La maestra lo toma lo muestra y pregunta si es divertido. Cualquier pretexto es bueno (mientras no se pierda de vista el objetivo). El hecho se convierte en un pretexto para decirles que su conocimiento no es suficiente. “¿Creen que saben todo sobre pandillas? Son novatos”. E induce cuestiones que ampliarán el horizonte de los alumnos. No deja de llamar mi atención que esta misma escena fuera considerada, en otro ambiente formativo, como una actitud no recomendable por no ser asertiva.

En el diálogo siempre hay un logos que pretende imponerse (y casi siempre domina). Pero la ausencia del mismo nos acerca a la tiranía. En este sentido, una parte importante del proceso pasó y se sostuvo en el intercambio de voces:

Ni siquiera sabe cómo vivimos.
-No tiene idea. No sabe el dolor que sentimos. No sabe lo que tenemos que hacer.
-Si quieres respeto, tienes que ofrecerlo –responde la maestra.
-No voy a ofrecerlo respeto, sólo porque se cree educadora.
-Alumno: “sólo haga su papel de niñera”
-Nos graduamos cada día, porque esto es una guerra.

Se proponen temas diferentes que permiten un nuevo aprendizaje, sí, pero también que dimensionen lo que los aprendientes están viviendo. “¿Quienes aquí saben lo que fue el holocausto?”, pregunta.

Busca formas de acceso relacionados con los nuevos temas, como la lectura de libros.

Gestiona el acceso a los recursos necesarios para lograr su propósito.

Garantiza –comprando- los medio (libros) requeridos en su secuencia didáctica.

A partir de los elementos de realidad conocidos y sus inferencias propone un diagnóstico profundo que le permita tanto a ella como a los demás conocerse y reconocerse. Pero este diagnóstico no es formal y basado en sesudos instrumentos, sino de carácter lúdico: “Haremos un juego, el juego de la línea”.

Hasta aquí, podemos hablar más que de estrategias, del trabajo previo. El paso siguiente es la intervención.

La primera estrategia es el autoconocimiento. Bajo la consigna “Todos tienen su propia historia y la pueden escribir en sus diarios” les pide que escriban (en cuadernos que ella compró, su historia cuando estén listos.

En segundo lugar, se asumen compromisos. Uno de ellos de manera personal: “No les prometeré nada que no pueda cumplir”, dice la maestra.

Tercero, se incluyen actividades fuera de las instalaciones escolares, sobre la base del compromiso mutuo.

Se posibilita el encuentro de los estudiantes con expertos.

Quinto, se refuerzan y diversifican los estímulos, como la lectura del Diario de Ana Frank

Se incluyen actividades, aparentemente fuera de contexto “Brindis por el cambio” que les permiten asumir nuevos compromisos.

Séptimo, se escuchan, se consideran y se respalda las iniciativas –siempre, en una lógica capitalista- a cambio de responsabilidad y compromiso.

Se permite que los alumnos generen y gestionen proyectos asumiendo, en muchos casos, los roles por decisión y no asignación, como el de “escolta”.

Noveno, en la medida en que se establecen lazos de afecto y confianza, es posible compartir con los alumnos las circunstancias y retos administrativos con ellos.

Y por último, una vez conseguidos los objetivos es importante a) reconocer a los protagonistas del aprendizaje: “ustedes lo hicieron”. b) Identificar y mantener las actitudes que los hicieron posibles: “No me usen como una excusa para no llegar a su meta….” c) Generar procesos de metacognición: “Sólo piensen cómo lo hicieron”.